"Al otro lado del Charco". Voluntariado Spínola.

Dentro de las acciones de voluntariado que lleva a cabo nuestra Congregación, este verano han sido tres voluntarias, entre ellas Pilar Ruiz Ibáñez, antigua alumna de nuestro cole, acompañadas por Beatriz Martín, quienes han decidido dedicar su tiempo de descanso a la entrega y ayuda a personas cuya necesidad es inimaginable. Nos llegan noticias desde Paraguay, en donde están, y hacemos eco aquí de su artículo.

Mucha suerte y mucho ánimo para seguir adelante.



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Ayolas (Paraguay), 17 de julio de 2013

Hace ya una semana que salimos de España, cada una de su realidad, rumbo Paraguay.

El verano siempre es un espacio en el que tendemos a pensar que vamos a descansar, a desconectar de nuestros respectivos trabajos o quehaceres, para disfrutar de nuestra familia, nuestros amigos, nuestro tiempo para nosotros, ese que tanto anhelamos durante el transcurso del día a día.

Sin embargo, en esta ocasión cuatro voluntarias hemos decidido que ese tiempo sea a favor de otros que no es que nos necesiten, sino que queremos colaborar en sus proyectos, sus aprendizajes, sus recreos, sus juegos, sus vidas.

Si tuviéramos que describir con una palabra nuestra primera impresión de los paraguayos, les definiríamos como acogedores. Acogidas, bienvenidas, así nos hemos sentido desde el día que el avión aterrizó en Asunción, capital de Paraguay.

Las hermanas con las que hemos tenido la suerte de encontrarnos nos han abierto las puertas y recibido desde lo que son y con lo mejor que tienen para ofrecernos; primera lección de aprendizaje. A este lado del charco, cuando te abren las puertas de sus hogares, te ofrecen lo mejor que tienen, que en la mayoría de los casos coincide con lo único que tienen. El esfuerzo es frenar el “no, gracias” pensando en la necesidad que ellos pasan, por un “muchas gracias”, sin más, por el gesto que están teniendo.

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Caminar por estos barrios lo menos que deja es huella dentro de nosotras. Imposible pasar indiferente por barrios sin asfalto, casas de lata o ladrillo sin mucho más, ropas escasas y sencillas, y rostros en los que si te paras a mirar y escuchar encontrarás historias de vida que se te hacen como lecciones de vida continuas, mientras sientes que tu vida y experiencias de dolor y aprendizaje se van haciendo chiquititas a medida que la admiración por sus luchas y apuestas por la vida van generando una admiración por instantes.

El ritmo de vida paraguayo, muchísimo más pausado que el español con nuestros mil quehaceres diarios, va intentando colarse en nuestros relojes. Tratar de frenar nuestra mentalidad europea en todo lo que aquí nos rodea. Es difícil no evaluar desde lo que vivimos, no llenarte de ganas y proyectos, de maneras de hacer las cosas, de nuevas organizaciones que se nos van revelando como posibles soluciones de lo que vamos viviendo a medida que nos involucramos en estos barrios.

Asunción, capital de un país, que es como tres veces España, nos cuestiona. ¿Cómo es posible tanto contraste según la calle por la que avanzamos? De pronto caminamos por asfalto y casas de ladrillo con buena presencia, que cambias de calle, doblas, y saltas los charcos que se generan el barrio, sin querer perder detalle de las casas, las gentes, las vidas; con cuidado de no resbalarte mientras la lluvia sigue empapándote.

“Buen día” y “chao” son las expresiones más coloquiales, junto a “gracias a Dios” y otras tantas en guaraní que se nos escapan. A las que venimos con mentalidad de ciudad nos llama la atención que todos se saludan, y todos también nos saludan; es como la vida del pueblo español en cada calle de las ciudades guaraníes, al menos en los barrios que vamos conociendo.

Y ahora una buena pregunta sería: “¿qué pasa con la Iglesia?”. Desde nuestra realidad es fácil muchas veces criticar a la Iglesia, la jerarquía, la riqueza… Sin embargo, aquí lo ves desde otro prisma, con otras gafas, las gafas de la realidad de países a los que les falta mucho por avanzar a nivel de desarrollo económico, pero con mucho que enseñarnos en humanidad y valores a aquellos que nos consideramos países desarrollados; la Iglesia toma su papel más humano y el sentido de la misión más puro: evangelizar, anunciar la “Buena Noticia” entre las miles de noticias no tan buenas que abundan en el día a día de estas personas. Cuando ves lo que las hermanas hacen aquí, en sus ciudades, en sus barrios, en sus familias; es difícil no pensar qué sería de todas estas personas sin ellas y sin los párrocos. Son portadores y transmisores de Vida, de alegría. Enriquecen con su tiempo, su escucha, sus actividades, sus propuestas de crecimiento de fe, sus grupos misioneros, catequesis, cantos. El segundo hogar de muchos jóvenes, dicho por sus propias palabras, y los medios gracias a los que encuentran el sentido a su vida, la capacidad de expresarse, hacer amigos a los que consideran hermanos, sentirse felices y acompañados, compartir la fe, las fiestas, las inquietudes. La misión, evangelizar, es lo que da sentido, lo que construye vida, familia y comunidad allá donde llega; y eso es lo que aquí se vive, lo que permite entender los motivos que llevan a tantas personas en el mundo a dejarlo todo; en lo que a día de hoy se traduce la cita del Evangelio “quien pierda su vida por mí la encontrará”.

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Entrando en nuestra labor concreta, tras unos primeros días de aclimatación, de conocer el barrio y las posibilidades que tenemos en nuestras manos durante este mes y medio en la ciudad de Ayolas, y tras comenzar a asimilar las impresiones y realidades; hoy, por fin, podemos decir que tenemos un horario. Horario, por su puesto, sujeto a continuos cambios y necesidades; empezando por las huelgas de los profesores que van retrasando las clases y con ello el proceso de formación y las posibilidades de sus alumnos.

Aunque no podemos generalizar, nos sorprende la pedagogía reinante en escuelas que hemos conocido. Conscientes de que no pueden ofrecer todos los recursos que algunos niños con dificultades presentan, sí que apuestan por su bienestar, cuidando sus emociones y haciéndonos recordar ese lema de nuestros coles Spínola-Norte “Crecer con C de cuidar”. Esta pedagogía y apuesta por la persona aún por encima de su aprendizaje intelectual se nos vuelve a presentar como realidad de la que muchos de nuestros colegios europeos deberían aprender, aun sabiendo que el ideal es el equilibrio en la persona a nivel académico y personal.

Y con esa intención, de cuidar a la persona en su proceso académico, que le brinda oportunidades de futuro, y personal, que le construye y reconoce como persona; nuestro horario se compone de muchas actividades. Por un lado, apoyo escolar tanto en la mañana como en la tarde, en el salón que tiene la escuela y en otras escuelas del barrio en las que nos hemos ofrecido. Nos abrimos a todos los niveles y necesidades, apostando especialmente por aquellos que tienen más dificultad, ya sean niños más pequeños o adolescentes. También colaboraremos en la escuela de adultos por las noches. Compaginando lo académico con lo lúdico, ofreceremos talleres para niños y madres, clases de guitarra, taller de teatro con la intención de que sea el comienzo de una actividad que quede ya establecida y vincule sobre todo a los adultos de la zona. También tiempos de deporte, el fútbol es universal y universalmente genera sonrisas y crea lazos increíblemente rápido. Trabajaremos también valores a través de las catequesis, las convivencias y la infancia misionera. Enriquecimiento mutuo en las sesiones de canto con los jóvenes de aquí que se reúnen con las hermanas para ensayar las canciones de sus celebraciones. Compartiremos con los docentes las diferentes maneras de enseñar. Emplearemos y crearemos el material que amenice nuestras clases con los alumnos, tratando de hacer que aprender sea algo divertido y por lo que merece la pena apostar.

Para terminar esta primera crónica de nuestra aventura paraguaya, os contaremos las curiosidades y aventuras que nos han permitido no olvidarnos de que estamos en pleno medio tropical… Tales como las ranas y sapos cuando quieres usar el baño, los monos saltando por los árboles mientras tendemos nuestra ropa y la manera de llamar a las puertas al no tener timbre: ¡dando palmas!. Y se nos olvidaba algo fundamental: ¡la comida! Hemos podido comer las comidas típicas gracias a las hermanas, y todo está riquísimo: chipa, sopa paraguaya (que no tiene nada de caldo ni de fideos), pascualina…

Conocer una nueva cultura está resultando una actividad tremendamente divertida y una experiencia de aprendizaje continuo que nos une cada vez más como grupo de voluntarias y como comunidad.

¿Qué mejor experiencia y lugar para emplear tus vacaciones que un voluntariado “al otro lado del charco”?

Las voluntarias de Paraguay 2013:
Beatriz Martín, Joana Valbuena, Lucía Alcalá y Pilar Ruíz.

P.D. (No os esperéis que todas las crónicas sean así de largas… ¡Cuando llevas una semana aquí eres capaz de escribir un libro!)

 

FUENTE: http://voluntariadospinola.wordpress.com/

Otros enlaces: https://twitter.com/SP_Solidaria, http://www.spinolasolidaria.org/

 
En portada, diseñado por Colegio Sagrado Corazón de Linares